La polémica desatada por el post de Matt Cutts es muy interesante. El jefe del equipo antispam de Google comenta un par de trucos para reportar al buscador páginas que cobran por introducir links en sus contenidos.

La comunidad de blogueros ha respondido de forma contundente al técnico. Unos le recuerdan que la virtud de cuanto se ha desarrollado entorno a Google parte de su “no seas malo” (traducción libre). Otros le hacen reflexionar acerca de qué van a vivir los millones de sitios que alimentan. Los más están profundamente en desacuerdo, los menos agradecen la info a Matt pero con matices.

Cuando estudiaba en la facultad un tópico era las perspectiva útil de la publicidad. “Los anuncios ayudan a informar a los consumidores” nos decían nuestros profesores del sector. Mientras tanto, los mismos nos enseñaban a cómo camuflar los mensajes comerciales debajo de esa excusa universal.

Claro, entonces la publicidad contextual no había llegado (esa panacea que permite asegurar la utilidad del contenido gracias a su adecuación a lo deseado por el internauta). Y resultaba muy difícil adosar al tópico un ejemplo contundente que fuera más allá del uso de los envoltorios (packaging) para mostrar la virtud de la comunicación publicitaria.

Ahora su máximo exponente nos da la oportunidad de censurar un sitio por el hecho de que ciertas técnicas desvirtúan su manera de estimar la credibilidad. Al margen de la caja de pandora que abre estas herramientas (por ejemplo: podemos denunciar a nuestros competidores y sembrar dudas acerca de sus prácticas), es increíble la perversión a la que puede llegar un sistema. La principal empresa de publicidad de la tierra (el propio Google) cuestiona la oportunidad del método: los enlaces pagados son malos por eso, porque son pagados. Sin embargo, sus contextuales son buenos, a pesar de que sean ¡Subastados!

Debajo de la buena intención de Matt subyace un hecho que acosa a cualquier gigante: tienden a ver la realidad de un modo míope. Tanto Sitemaps, Analytics y Trends les ha llegado a convencer de que Internet debe plegarse a su anatomía aunque esté deforme. La receta para evitar esa tendencia improductiva es buscar el problema en tu casa y no en la de otros. Google debe sofisticar mucho su tecnología. Está en pañales todavía en lo de medir la credibilidad de una fuente.

Ah, por cierto, y la publicidad no es mala. Eso de enfrentarla al dilema ético de la neutralidad que se le supone a la información me temo que proviene de la obligada convivencia que experimentamos publicistas y periodistas en las facultades que hay por el mundo a’lante. No es el cáncer gris que consume las verdes praderas. Es el modelo de negocio que sostiene buena parte de los contenidos en la red y del que se nutren los buscadores.