Ocurrió lo mismo cuando se le concedió a Dylan el Príncipe de Asturias. Ciertas voces incurrieron en desafortunados comentarios. Algunos cronistas ilustres criticaron la decisión porque veían al poeta como un icono caduco poco identificado por las nuevas generaciones. Su contribución decisiva para transformar la cultura popular poco o nada le valía de cara a un premio que debía perseguir caracteres más universales. ¿Más universales?
Todavía no concibo que haya personas que cuestionen los méritos de esta empresa. Es cierto que, sobre todo en España, su apabullante dominio del mercado puede llegar a saturar a cualquiera. Cada uno de sus productos ha copado los segmentos de los servicios más utilizados: buscador, correo, mapas, chat, etc. El mensaje de frescor que lanzaba a principios de la década, en pleno estallido de la burbuja, se ha convertido en un refraneo “ACME” de tal contundencia que a veces nos hace mirar a Microsoft hasta con cariño.
Soy Adolfo Corujo. Llevo 14 años dedicado a la Comunicación, el Marketing y la Planificación estratégica. Me apasiona la virtualización de todo lo que sucede en las empresas desde que son empresas. He aprendido que la clave está definitivamente en las personas y, de rebote, que las tecnologías no constituyen un fin en sí mismas; son un medio muy potente...
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