Sam Walton, el fundador y “alma matter” de Wal-Mart, solía reunir todos los sábados a sus ejecutivos y familias para celebrar una barbacoa. Lo tenía fácil. Desde el principio apostó por que la sede central de su imperio se situase en Bentonville, un pueblo de Arkansas que en 1960 tenía 3.000 habitantes (y que hoy en día no llega a 20.000). Poco se podía hacer un sábado por la mañana en el medio de nada. Así que, una vez convocados, aquellos hombres y mujeres asistían a la ceremonia de gestión de una empresa/familia que a mediados de los 80 contaba con 200.000 “asociados” (así se denomina al empleado de Wal-Mart desde sus inicios a mediados de los sesenta).

Wal-Mart y la Implicación

Sam Walton sabía que para comprometer a sus equipos debía inculcarles un poderoso sentimiento de pertenencia a la “familia”. Su red de 1.200 tiendas repartidas por todo el país (dato de 1.988) era extensiva en mano de obra y requería del nivel ejecutivo para llegar a ella, controlarla y estimularla. Para ello, era consciente de que necesitaba su implicación personal y, desde la visión tradicional y paternalista propia del medio-oeste americano, la mejor forma de conseguirla era tener ese contacto personal rutinario fuera de las oficinas.

Las grandes corporaciones hoy en día, y probablemente por fortuna, poco o nada tienen que ver con ese espíritu familiar. Sin embargo, todas necesitan el compromiso con mayúsculas de su equipo para abordar los retos que tienen ante ellas. Los expertos indican que las variables que consiguen ese nivel de identidad entre el trabajador y la empresa tienen poco que ver con el salario convencional y mucho con el emocional.

Los Servicios 2.0 ofrecen un espacio muy útil para la Implicación

En este último, solemos poner el foco en el aspecto retributivo del término salario: la empresa debe reconocer, premiar, animar … dialogar. Pero como Sam Walton entendió, de lo que se trata también es de implicar. Y para hacerlo es básico que nos dotemos de un espacio en el que se pueda desarrollar ese proceso.

Si queremos que nuestros profesionales se impliquen debemos dejarles hacerlo: ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? Esa es la ventaja que aportan hoy las tecnologías de la información. No necesitamos organizar un evento semanal para que nuestros colaboradores puedan relacionarse emocionalmente con nuestra organización. Podemos aprovechar el enorme entrenamiento que están desarrollando en las Redes Sociales.

Beehive, la red interna que IBM lanzó en 2007 y que cuenta hoy con más de 63.000 perfiles activos, es un ejemplo de cómo se puede actualizar la Barbacoa de Sam Walton aprovechando la potencia de los servicios 2.0.