¿Qué tienen en común Bill Clinton, Tony Blair, Steve Jobs, Larry Page o Jerry Greenfield? Además de estar entre los líderes políticos y empresariales más influyentes de finales del Siglo XX, todos han sido confesos “DeadHeads”.

Los Grateful Dead nos han dejado algunos de los mejores momentos de la historia de la música del S XX. Pero además su legado incluye un auténtico tesoro: los “DeadHeads“. Los fans de la banda comenzaron a finales de los 60′ a seguir compulsivamente a estos genios del rock psicodélico. Se daban cita en cada uno de sus conciertos a lo largo de los Estados Unidos, llevando con ellos un estilo y una filosofía vital de los que se sentían propietarios. En poco tiempo, sus coincidencias les hicieron conscientes de su identidad colectiva. Se autodenominaron los “DeadHeads” y, de forma espontánea, fueron construyendo una historia alrededor de pequeños símbolos que reforzaron su sentido de pertenencia: primero los fetiches de sus shows (cartelería, entradas y los setlists), luego camisetas e ilustraciones, más tarde un newsletter con la agenda de sus ídolos y, finalmente, hasta el tipo de sandwich que se comía en las acampadas que acompañaban las giras: sus famosos burritos vegetarianos.

El intercambio y venta de estos símbolos reforzó los lazos entre ellos. Pero no dejaban de ser un vehículo para un intercambio de mayor trascendencia. Ese contacto facilitó la transmisión de valores y creencias, auténticos pilares de lo que se conoce como una “comunidad“, un grupo de personas que comparte intereses y un ideario.

Tanto si trabajas en comunicación o en sociología, este fenómeno es materia de estudio: es uno de los más potentes que surgen de la capacidad de los seres humanos para relacionarnos, construir confianza y transformar cuanto nos rodea. Las organizaciones que quieren influir deben aprender a establecer lazos con las comunidades que condicionan su proyecto. Aporta credibilidad, capilaridad, dinamismo, emoción… Muchos de esos atributos que las empresas van perdiendo a medida que crecen y de los que deben nutrirse si quieren continuar expandiéndose con la misma fuerza con la que nacieron.

Por eso, casos como el de los DeadHeads merecen nuestra atención. Comprender su diseño y evolución nos ayuda a enfocar mejor los programas de relacionamiento que requiere la materialización de cualquier plan estratégico de transformación de una compañía o institución. Algunas de esas claves:

  • El impulso colectivo e individual: los DeadHeads fueron la respuesta a una petición que Grateful Dead incluyó en las notas de su segundo álbum en directo “Skull & Roses” (un poco más abajo, puedes ver el texto original de su invitación). En apenas unos meses, la adhesión a la dirección postal se convirtió en un fenómeno en el que influían también miles de individuos que llenaron de contenido ese espacio al margen del sello discográfico, los promotores o los músicos. Se les fue de las manos… apropiadamente. Si hubieran querido controlarlo, lo hubieran condenado a una muerte segura.

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The Dead in those days had to play in a lot of festival style shows where the equipment would all wind up at the back of the stage in a muddle. Since every band used pretty much the same type of gear it all looked alike. We would spend a fair amount of time moving the pieces around so that we could read the name on the boxes. I decided that we needed some sort of marking that we could identify from a distance“. 

  • La voz de una generación: Howard Gardner (psicólogo Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2011, que estudia en su libro Mentes Líderes los aspectos característicos del liderazgo) y Greil Marcus (periodista musical autor de Mystery Train, tratado de referencia acerca del rock, sus protagonistas y su relación con la sociedad en la que despuntaron) coinciden en la capacidad de los grandes nombres para definir y encarnar la historia con la que se identifican sus coetáneos. Así ocurrió con los Dead. Jerry García y sus colegas supieron escribir el relato de toda una generación. El famoso verano del amor no hubiera cobrado forma sin las comunas que se formaron en el barrio de Haight Ashbury en San Francisco entre los años 1965 y 1968. Una de las más importantes se daba cita en 710 Ashbury, la casa en la que convivían todos los miembros de la mítica banda. Allí pusieron en práctica muchas de las utópicas formas de ver la vida del movimiento hippy. Miles de jóvenes se inspiraron en ellos y a su vez influyeron a los millones de contemporáneos que asumieron muchos postulados de la revolución social de finales de los 60′. Las comunidades tienen líderes y facilitadores. La teoría de las relaciones públicas nos enseña que si queremos influir en todo un grupo humano es más sencillo hacerlo a través de éstos que de un modo directo.
  • El rol del líder… colectivo: Es raro que una sola persona se erija en líder único de una comunidad. Gandhi, Martin Luther King o Hitler son casos excepcionales. La norma es que al frente de los grupos humanos se sitúen personas relacionadas entre sí que aportan distintos ingredientes. Sus caracteres son complementarios. Juntos aportan sentido al conjunto. En el caso de los Grateful Dead, esta regla se cumple al dedillo. A pesar del peso específico de un genio tan destacado como Jerry García, la banda no habría logrado ese liderazgo sin la contribución del resto de los miembros. Al igual que ocurriera con cada uno de los cuatro Beatles, Phil Lesh, Bob Weir, Ron “Pigpen” McKernan y Bill Kreutzmann en la formación original y los músicos que poco a poco se unirían a esta auténtica familia como Mickey Hart, Keith y Donna Godchaux o Brent Mydland, todos dejaron su impronta en la música, el estilo y en los fans. Por ejemplo, Bob y Phil han estado involucrados en el movimiento medioambientalista en Estados Unidos a lo largo de décadas, impulsando la vertiente más activista de los DeadHeads.
  • Un interés común: Desde el primer momento, los conciertos de los Dead se concibieron como encuentros de varias horas en los que la música era un elemento más de lo que se ponía en común. Extensos e imprevisibles se convirtieron en marca de la casa, permitiendo: por un lado, dado que los límites entre el inicio del show y su final eran muy difusos, que la larga jornada diera pié a reunirse, saludarse, celebrar, intercambiar, convivir; por otro, teniendo en cuenta el alto contenido improvisado de cada set, que fuese interesante asistir a distintos eventos de una misma gira a lo largo y ancho de América, facilitando los reencuentros de los asistentes, el recuerdo constante de anécdotas y el desarrollo de iniciativas más allá del propio tour; en definitiva, el público tuvo la oportunidad de comprobar que coincidía en su manera de entender desde la política hasta la familia pasando por su enfoque de la cultura en su sentido más extenso. Cualquiera que quiera dirigirse a una comunidad y ser escuchado por ella ha de tener en cuenta ese interés común y tratar de enlazar su propósito con el las personas que integran el colectivo. A propósito de los conciertos, el publicista y biógrafo de Jerry García, Blair Jackson, lo definió del siguiente modo:

shows were the sacrament … rich and full of blissful, transcendent musical moments that moved the body and enriched the soul.” Jackson takes this further, citing drummer Mickey Hart as saying “The Grateful Dead weren’t in the music business, they were in the transportation business.

  • La autenticidad del líder y de su historia: El padre de la escena musical de la Costa Oeste, el productor y empresario Bill Graham decía de los Grateful Dead: “Ellos no son los mejores en lo que hacen. Ellos son los únicos en lo que hacen“. Esa frase encierra un significado excepcional. Los DeadHead lo sentían así. Veían a los Dead únicos y auténticos. Su voz, que evolucionó musicalmente a través de las décadas, mantuvo la coherencia en las cuestiones que para esos seguidores resultaban trascendentes. Si te diriges a los líderes de una comunidad debes recordar siempre esa consistencia. No les propongas ideas que vayan en contra del credo que les une a su gente. Las rechazarán y, en caso contrario, minarán su credibilidad y la tuya. En ambos casos, el resultado no será el esperado.

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  • Canales de comunicación propios: los fanzines se convirtieron rápidamente en la vía de conexión con la actualidad de los Grateful Dead. Producidos por los mismos DeadHeads, sustituyeron a la maquinaria de promoción de la banda. Los promotores de sus conciertos lo sabían. Era más sencillo trasladarles la info básica a los pocos que mantenían informados a muchos. Ellos se encargaban de difundir el mensaje y estimular la asistencia. Los “Dead Zines” y los comics fueron promovidos por subgrupos de seguidores que a su vez se integraban en la comunidad más amplia y diversa. Otra de las claves a la hora de conectar con una comunidad; conocer sus canales de comunicación y aprender sus códigos posibilita su uso para conversar. El respeto debe ser la máxima en esa práctica. Intentar monopolizar las interacciones que promueven solo conlleva pasividad, cuando no, desprecio.
  • Diversión, diversión, diversión: los DeadHeads se lo han pasado bien reuniéndose y celebrando cada encuentro en un concierto o en una “quedada”. Al final, de eso se trata. El ocio se mezcla con la comunión cultural. Por eso la música es uno de los mecanismos de socialización más poderosos. Saltar, bailar, cantar a voz en grito los himnos compartidos forman parte de la experiencia de compartir y sentirse comprendido y reconocido. Esa forma de socializarse ha estado presente desde tiempos inmemoriables en la convivencia de las comunidades. Todas han tenido sus canciones, melodías y ritmos. De hecho, es uno de los elementos que permiten identificar a los pueblos y naciones. Con el paso del tiempo y el desarrollo de las tecnologías de grabación y distribución, son garantía de emociones que conectan a personas a veces también de los lugares más remotos. Las marcas recurren a ellas para “vestir” sus productos y promocionar su carácter. Cuando quieras unirte a un grupo humano consciente de sus símbolos, trata de conocer sus himnos. Te ayudará a entenderlos mejor. Pero no olvides que una de sus razones radicará en su capacidad para entretener y divertir a sus miembros!

Los comunicadores, a veces, no somos capaces de ver “el bosque”. La actualidad nos sacude de tal forma que solo alcanzamos a ver “ramas y algunos árboles”. Sin embargo, conocemos bien muchas de las claves que nos ofrecen los DeadHeads. Sabemos que si queremos influir en una comunidad que puede condicionar el proyecto de nuestra empresa, es necesario que entendamos su porqués y ritos. Así es más sencillo que tengamos éxito. La formada por los fans de los Grateful Deads ha sido muy importante en las últimas cuatro décadas. Entre sus miembros, se encuentran además de los Bill Clinton, Tony Blair, Steve Jobs, Larry Page o Jerry Greenfield,  algunas de las personalidades más destacadas de finales del S. XX: Walter Cronkite, Al Gore, Phil Jackson, Whoopi Goldberg, Nancy Pelosi, Keith Haring o Patrick Volkerding, entre otros.

Nota de cierre: el tema “Dark Star” siempre ha sido reconocida como la canción referente de los Grateful Dead. Las largas improvisaciones a las que daba pié forman parte integral de una manera única de entender la música. Los fans, que han grabado sistemáticamente sus conciertos con la libertad que siempre dio el grupo a la difusión de esos bootlegs, han reconocido estas jams con especial reverencia. Así que te dejo con este medley de 36 minutos grabado el 31 de diciembre de 1978 en la sala Winterland de San Francisco. Disfrútalo. Es una joya.

Chief Talent & Innovation Officer y Socio de Llorente & Cuenca (y ferviente admirador de los Flamin’ Groovies).

2 Comments on “Una auténtica comunidad digna de estudio: los “DeadHeads”

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