5. Se trata de relaciones humanas: formamos comunidades, no “clusters”

Permite que use el anuncio del pollo que quiere ser patata frita de Burguer King para hablar de personas. A veces la sofisticación en términos y taxonomías nos aleja de lo que hay detrás de conceptos como el de stakeholder. En términos generales, un stakeholder es aquella persona o grupo de personas sin los cuales tu negocio no sería viable. Podemos clasificar a éstos en diferentes grupos pero el criterio que debe imperar es que los agrupemos para luego relacionarnos mejor con ellos. Los seres humanos nos organizamos en comunidades desde los inicios de nuestra existencia. Formamos grupos de personas que comparten intereses y creencias y que tienen sentido de pertenencia a esa comunidad.

Los proyectos de las empresas convergen y divergen con los de comunidades pre-existentes o, incluso, las congregan. Difícilmente estas comunidades se autodenominarían bajo nombres tan genéricos como los de “clientes”, “accionistas” o “ciudadanos”. Nosotros les llamamos así porque ese es el rol que les conferimos en su relación primaria con nosotros. Debemos ir más allá porque está clasificación aunque puede ser útil para medir y adoptar decisiones, no nos ayuda a actuar para comprometer. Para lograr involucrarles necesitaremos comprender su forma de organizarse en función no de nuestra empresa sino de la vinculación de sus intereses con los de nuestro proyecto.

Pequeña Idea Innovadora: revisa el mapa de stakeholders de tu organización. Pregúntate si su denominación se corresponde con la tradicional vinculada al concepto “públicos”. Si es así, plantéate si las personas que se agrupan bajo esos “clusters” comparten realmente intereses y creencias y si se definirían así mismos apasionados miembros de ese “cluster”. Trata de pensar en ellos poniéndoles las caras de los que conoces personalmente. ¿Qué les apasiona? En definitiva ¿a qué comunidad pertenecen? ¿Tiene que ver realmente con tu proyecto? En caso de no serlo, prueba a pensar qué hechos implica ese proyecto que podrían estimular la creación de una nueva comunidad en la que cada una de esas personas se integraría. Aunque solo surja un grupo de esa reflexión prueba a desarrollar un plan de relaciones con ellos de manera específica. Te servirá para testar el modelo y para encontrar, seguramente, un nuevo modelo de entablar relaciones en la gestión de tu reputación.

Decálogo

A partir de las experiencias de éxito de Ángel AllozaCEO en Corporate Excellence-Centre for Reputation LeadershipMiguel GarcíaDirector de Comunicación y Responsabilidad Empresarial en DKV Seguros, y Juan LlovetMarketing & Communications Director en Gestamp Renewables – Gonvarri Steel Industries, proponemos un decálogo para innovar:

  1. Cambiar exige comprometer a cuantos protagonizan tu proyecto
  2. Tu reputación es una palanca poderosa para convencer y comprometer
  3. Convencer a lo largo del tiempo pasa por la generación de la confianza
  4. Dota de un propósito social a tu empresa
  5. Se trata de relaciones humanas: formamos comunidades, no “clusters”
  6. No dejes que el éxito se convierta en uno de tus mayores enemigos
  7. La ejecución precisa tanta o más atención que la planificación
  8. La clave está en la motivación!
  9. Entrenar, entrenar, entrenar…
  10. Aprovecha las oportunidades

Este decálogo forma parte del libro editado por Jorge Cachinero y publicado por d+i (el Centro de Ideas, Análisis y Tendencias de LLORENTE & CUENCA): “Innovar para Liderar: Tres Casos de Éxito“. Si te interesa el tema o los casos, descárgatelo en formato .pdf.epub o .mobi. Ya me contarás qué te sugiere!
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