Tu, el “cuentista”

¿Qué nos hace humanos? ¿La razón? Esa es la pregunta que se hizo Walter Fisher, allá por los 70′. Este experto en Comunicación, Retórica y Política encontró una respuesta a contracorriente. Nos dijo, por primera vez, que quizás era nuestra capacidad para comunicarnos a través de historias. Frente al paradigma racionalista, planteó el narrativo. Todos somos “cuentistas”. Cada vez que hacemos una entrevista de trabajo, nos reunimos con nuestros colegas para tratar de persuadirlos, jugamos con nuestros hijos o negociamos con el casero, nuestra habilidad como cuentacuentos se pone a prueba.

Más allá de la oportunidad y el acierto de la idea de Fisher, es evidente que si queremos mejorar en la comunicación interpersonal debemos asumir sin complejos en primer lugar ese rol. Luego vendrán el resto de técnicas que llevarán el relato al canal y el formato más adecuados. Es una pena que nuestro sistema educativo no nos provea de esa visión, que no nos ayude  ejercitarlo, que no nos aporte las herramientas y rutinas necesarias. En su defecto, nosotros somos los que debemos afrontar esta carencia y practicar, practicar y practicar. Aún así, existen mitos que debemos derribar y que confunden distintos aspectos alrededor del papel que desempeñamos como cuentistas.

A continuación, comparto contigo la presentación de apoyo a la conferencia que impartí el pasado jueves día 17 de septiembre en Zaragoza. Fue con motivo del acto formal que ponía el colofón a la trayectoria de 37 alumnos del Programa Graduate de la empresa SAICA. En colaboración con la Universidad San Jorge y el ESIC, el Dpto. de RRHH diseñó este curriculum formativo que dirigen a empleados con alto potencial. Me pidieron que enfocara mi clase en la comunicación interpersonal. Más abajo, incluyo algunos comentarios por si los encuentras de interés.

Déjame compartir contigo estas reflexiones extraídas de la presentación:

  1. Objetividad y subjetividad: hasta en la más mínima transmisión de datos de uno a otro (cuando pensamos que nos referimos estrictamente a datos: “te leo la cartelera de cine para este sábado“), trasladamos una visión subjetiva con una línea editorial concreta. Al hacerlo, recurrimos al patrón de cualquier historia. Seleccionamos un protagonista (a menudo, nosotros mismos), identificamos el conflicto (“esa peli que quieres ver no se emite hasta las 19 h.”), planteamos las alternativas y buscamos la solución final. La objetividad puede definirse, en este contexto, como la tendencia hacia la neutralidad en la transmisión de un mensaje; la ausencia de un propósito evidente más allá de la comunicación.
  2. Introvertidos y extrovertidos: un ejemplo de creencia, que muestra la forma condicionada de evaluar nuestros puntos fuertes y débiles, lo encontramos en nuestro entendimiento de lo qué es la introversión. Pensamos que una persona extrovertida tiene más facilidad para comunicarse que una introvertida. Probablemente, confundimos los términos. Los psicólogos definen a los introvertidos como aquellos que recargan su energía cuando están solos para usarla cuando deben interactuar con otros. Los extrovertidos son aquellos que recargan la suya mientras interactúan con los demás y la gastan al sentirse solos. Nada dicen de si un tipo o el otro está más preparado para construir y transmitir historias influyentes. De hecho, un montón de introvertidos se encuentran entre los grandes maestros del relato. María Anderson (la cantante de opera que en los años 30 demostró que el color de la piel no tenía que ver con la sensibilidad para la música clásica), J. K. Rowling (la autora de la saga Harry Potter), Nelson Mandela, Bill Gates, Audrey Hepburn, Ghandi, Einstein, etc. Todos han cambiado nuestra forma de ver el mundo aportando un relato original desde su perspectiva que ha calado en nosotros.
  3. Cuentistas y vendehumos: estamos acostumbrados a relacionar el concepto “relato” con el de “ficción“. Eso nos han llevado a considerar a los cuentacuentos como si se vendedores de humo se tratara. Craso error. Las historias que contamos pueden estar basadas en realidades o ser invenciones en parte o por completo. En nada tiene que ver eso con la intención. Es posible que utilicemos incluso un recuento verídico de una serie de hechos para intentar engañar a alguien o que usando una metáfora o un ejemplo imaginado nuestro objetivo sea ofrecerle una lección genuina y honesta a nuestro interlocutor. Todos somos cuentistas o cuentacuentos desde su mejor acepción. No resta ni adultera el valor de lo que queremos transmitir.
  4. Felicidad y Storytelling: desde que Masslow hiciera pública la pirámide en la que representaba la jerarquía de las necesidades humanas, el reconocimiento pasó a estar entre los objetivos de cualquier programa de autoestima. Sentirnos comprendidos y comprender a los demás es básico para alcanzarlo y depende en gran medida de nuestra capacidad para trasladar eficazmente los mensajes que queremos dejar claros. En la medida que ese objetivo de alcanza, también es más sencillo satisfacer las necesidades que le siguen en esa escala. Por ejemplo, nos ayudará a sentirnos mejor con nosotros mismos lo que nos permitirá definir mejor quiénes somos. Cualquier proyecto dirigido a crear un ambiente de trabajo productivo y sano pasa por crear un ecosistema en el que jefes y empleados dispongan de los medios para obtener ese reconocimiento. Sin embargo, pocas organizaciones incluyen en su formación interna métodos y/o herramientas para fortalecer las habilidades de comunicación.
  5. ¿Se nace? ¿Se hace?: muchos piensan que la capacidad para construir y trasladar un relato se basa en una cualidad innata. Para ellos, algunos tienen en su ADN lo que precisa un buen cuentacuentos. Quizás sea cierto pero está más que demostrado que cualquiera pueda desarrollar sus habilidades de comunicación interpersonal. Existen metodologías, guías y trucos que contribuyen a reforzar cada uno de los elementos que se requieren. Cuando Dale Carnegie escribió en los años 30′ su bestseller “How To Win Friends and Influence People” concentró en un libro fácil de leer y recordar un estupendo compendio encaminado a convertirnos en mejores comunicadores. Luego lo han seguido otros muchos. En la presentación que he compartido en este post, encontrarás siete aspectos que te ayudan a saber en qué trabajar; desde poner foco en la audiencia, la importancia del contexto o seleccionar bien al protagonista de tu historia hasta la relevancia de saber escuchar o de utilizar un buen mix de formatos y canales.
  6. Mensaje y relato: dentro de los errores comunes que cometemos, se encuentra el de confundir estos dos conceptos. El mensaje es lo primero que debemos aclarar. Surge del objetivo que perseguirá nuestra comunicación. Inmediatamente y antes de diseñar el relato, nos tocará analizar a quién nos vamos a dirigir para que, cuando demos forma a la historia, esta resulte eficaz. En muchas ocasiones, el mensajes se define al mismo tiempo que la historia. Después se selecciona al interlocutor y se piensa en él como un sujeto pasivo en la misma. El resultado es mucho más pobre.

Conclusiones:

  • Todos somos cuentistas/cuentacuentos queramos o no.
  • Nuestros éxitos profesionales y personales dependen en parte de nuestra capacidad para trasladar nuestras ideas en la forma de historias conmovedoras y persuasivas.
  • Podemos desarrollar nuestras habilidades como storytellers y, para ello, el primer paso será el de asumir conscientemente este rol en nuestras relaciones.