Reputación Personal a Juicio

Hace falta una vida entera para construir tu reputación y un solo día para destruirla? Lo cierto es que el efecto de unas horas puede deteriorar el prestigio de cualquiera. Pete Townshend, el genio detrás de The Who, lo sufrió en sus carnes. 17 años más tarde de la crisis, reconoce no haberse recuperado.

Ocurrió cuando el FBI compartió con el Gobierno Británico, por primera vez, un listado de internautas del Reino Unido que habían accedido a sitios de pornografía infantil. Contenía los nombres de más de 7.000 sospechosos entre los que rápidamente uno llamó poderosamente la atención. El 11 de enero de 2003 el Daily Mail destacaba que un conocido guitarrista de un grupo de rock inglés figuraba entre ellos. “Ese soy yo” confiesa que pensó Pete Townshend en aquel momento. Aún así dice que se sentía tranquilo hasta que después de recibir la llamada simplemente miró por la ventana. El pánico le entró en ese momento: periodistas, furgonetas de televisión, cámaras y curiosos se agolpaban alrededor de su casa.

RompiendoReconoce que fueron momentos muy tensos. Su hija le pidió explicaciones directamente. Y él le contó la verdad. Desde 1999 se había embarcado en un proyecto con una ONG que él mismo había impulsado para luchar contra los abusos sexuales a menores. Desde el inicio planteó tres líneas de trabajo: la sensibilización pública, la integración social de los damnificados y la denuncia de las tramas de pedofilia en Internet. Para esto último, junto con dos personas más se centró en la denuncia a los bancos que admitían transferencias económicas para el pago de material pornográfico infantil. Cuando surgió la noticia en 2003 pensó que alguna de sus pesquisas había dejado rastro y que eso le incriminaba.

Al estallar la crisis en aquel enero, por primera vez a pesar de sus distintas peripecias con la policía a costa de sus treinta años de carrera como enfant terrible del rock (destrozos en el escenario, hoteles arrasados, detenciones por consumo o tenencia de drogas), consideró cómo debía hacer frente a la crisis de reputación que se cernía sobre su cabeza.

Recurrió al sentido común y a los consejos de amigos y abogados:

  • PedofiloAnte el rumor y antes de recibir comunicación alguna por parte de la policía, organizó una rueda de prensa el 12 de enero en la puerta de su casa en compañía de su pareja en la que leyó un comunicado. En él reconocía haber usado una tarjeta de crédito en sus investigaciones, informaba de su interés por denunciar este tipo de prácticas y sus actividades para luchar en contra de su exponencial crecimiento y en el que se manifestaba indignado por la situación. Probablemente fue un acierto.
  • A partir de ahí guardó silencio durante cuatro meses, mientras la policía realizaba el estudio de sus once computadoras y de todo el material que figuraba en sus archivos profesionales y familiares. Las únicas dos piezas que destacó la policía eran dos fotos de sus hijas desnudas mientras se bañaban en una playa. El tribunal decidió desestimar su procesamiento pero, debido a la popularidad del personaje y en la búsqueda de la ejemplaridad, le impuso una multa por el uso de su tarjeta de crédito en base a su testimonio. Aceptó la fórmula para no prolongar la crisis hasta que se celebrara un juicio del que saldría inocente pero tocado. Probablemente fue un error.
  • En 2005 se difundió un estudio realizado por un periodista en el que se demostraba que en ninguno de los servidores vigilados por el FBI se halló traza alguna del uso de su tarjeta. Lo cierto es que nunca llegó a usarla. Sin embargo, ante la presión del momento, aturdido y como no recordaba si había clickado en el enlace del pago siempre pensó que lo había llegado a realizar. Él decidió guardar silencio hasta el año 2012. Otro grave error.

Con el tiempo, el artista ha reconocido públicamente que el caso ha marcado su trayectoria desde que sucedió el incidente. Así lo dejaba por escrito en Who I Am, su autobiografía publicada en 2012: “Sería hipócrita decir que no me he visto afectado por la percepción que tienen de mí personas que no me conocen y saben de mí más allá de lo que hayan leído en los tabloides por mi arresto de 2003 (…) sigo siendo dolorosamente consciente de las repercusiones que todo aquello pueda haber tenido en las fundaciones en las que he colaborado y en las que me veo obligado a mantener un perfil discreto.”

whoiam

Seguramente, Pete Townshend hubiera necesitado consejo desde el punto de vista de la protección de su reputación más allá del problema legal. El gran reto de las causas que ponen en entredicho el prestigio de una persona es que su veredicto no cierra la herida. El juicio paralelo de la opinión pública continúa y su resultado puede no tener que ver con la resolución judicial.

En la sociedad globalizada e hiperconectada en la que vivimos, es preciso que seamos conscientes de que los hechos no hablan por sí solos. Ese aforismo tiene poco sentido cuando el rastro de la información permanece en los buscadores, en las redes sociales y en las fuentes originales en las que se vertieron las informaciones. Las leyes de derecho al olvido y las presiones sobre los índices que recogen lo publicado en la Red no habrían ayudado a Pete Townshend. Su notoriedad pública habría bastado para invalidar su aplicación.

El perfil bajo, que el líder de los Who y conocido filántropo decidió adoptar desde entonces en las fundaciones que él mismo había constituido para combatir la pedofilia y la pornografía infantil, fue quizás uno de sus peores errores. Uno que probablemente toda la gente de bien habría cometido. Al igual que ocurre con las situaciones críticas que experimentan las empresas, debería haber defendido su versión y haber insistido en proyectar sus valores y creencias también desde la tribuna que ofrecen los medios de la comunicación, las redes sociales y la propia Internet.

Al margen de trabajar en el refuerzo y actualización de las leyes, las personas debemos aprender a gestionar nuestra reputación para convertirla en una auténtica palanca que nos acerque a nuestros objetivos. Es otro de esos conocimientos que echamos en falta a lo largo de nuestras vidas en pocas ocasiones pero que pueden condicionar nuestra convivencia en sociedad y nuestra felicidad. Probablemente la solución no estribe en convertirnos todos en magos de la comunicación al igual que no lo podemos hacer el magisterio del derecho. La solución se basará en nuestra capacidad para discernir el problema legal del reputacional y en saber que existen profesionales que nos pueden ayudar también en este segundo apartado.

Chief Strategy Officer y Socio de Llorente & Cuenca (y ferviente admirador de los Flamin’ Groovies).

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