“Doing Well by Doing Good”

Esta podría ser la máxima que firmaría cualquier gestor de un equipo de fútbol: además de ganar el partido, juguemos bonito. Quién nos podrá hacer daño entonces? Quién nos pondrá contra las cuerdas? Quién perjudicará realmente nuestra reputación? Siempre tendremos competidores y grupos de presión que nos critiquen. Es una regla de cualquier competición. Otra cosa muy diferente es que se facilite su trabajo dándoles munición.

Sin embargo, en el mundo del deporte rey esa no deja de ser una opción. Al final, el resultadismo manda. El juego bonito es una de muchas opciones. La única razón es ganar partidos y títulos. Con ellos en la mano, todos resisten lo que venga. Son conscientes de lo que hayan obtenido en el pasado no les garantiza una mejor acogida cuando vengan los tiempos más difíciles. Así que, a pocos les interesa el cómo y mucho menos el porqué.

En el ámbito de los negocios, las cosas funcionaron igual durante siglos. Sin embargo, esta realidad ha cambiado dramáticamente. La hipertransparencia y el empoderamiento de los ciudadanos, identificados por el gran Iván Pino Zas como dos de las tres claves para entender lo que ocurre a nuestro alrededor, marcan la agenda. Nunca ha sido tan sencillo que a una compañía le retiren la licencia social para operar, incluso a un sector entero.

El “juego bonito” ya no es una opción. Es bueno comprenderlo para luego asumir que supone una oportunidad. Todos aquellos que entiendan que “hacer el bien” debe formar parte de su ADN, podrán luego disfrutar de sus resultados. El negocio de los que traten de ignorarlo o fingirlo parece que no será sostenible.

Empresas que están triunfando mientras mejoran nuestro mundo

Empresas que están triunfando mientras mejoran nuestro mundo

La revista Fortune lo ha visto claro y en 2015 bajo el epígrafe que titula este post lanzó su iniciativa para identificar aquellas compañías que están triunfando contribuyendo netamente a mejorar nuestro mundo. Los párrafos con los que introdujo en agosto de 2015 este proyecto presentan con claridad cristalina qué está ocurriendo y cómo deben reaccionar los auténticos empresarios. El capitalismo está bajo una presión inédita. De hecho la sociedad sospecha que de forma innata tiende a incrementar la desigualdad y los problemas del planeta. Los que defienden que su modelo no tiene porqué resultar negativo por definición, al mismo tiempo que postulan sus virtudes, están reaccionando con una llamada de atención que hunde sus raíces en el próspero y loco SXX: ser ejemplar es la auténtica ventaja adaptativa que garantiza el éxito de una manera sostenible.

Cuando Aldo Leopold publicó Sand County Almanac en 1949 vaticinó visionariamente esta realidad. Ralph Nader, Paul Erhlich, Donella H. Meadows, Jeffrey Sachs o el omnipresente maestro Peter Drucker lo fueron desarrollando según pasaban las décadas. La primera reacción de las empresas comenzó a finales de los setenta. Fue una interpretación literal del “juego bonito”. Las compañías comenzaron a preocuparse por las formas, por la estética. Su discurso evolucionó desde la filantropía de sus dueños a la aportación en términos de becas, parques y glorietas en una concepción simple de la sostenibilidad.

La crisis de las punto com, la debacle de los 2008-2010 y el débil panorama actual hizo que otros autores más ortodoxos, miembros ilustres del “sistema”, pusieran su foco en la ética. Gary P. Hamel, considerado por el Wall Street Journal y la revista Forbes, como el experto en gestión más prestigioso del mundo, escribía en 2011 en su libro What Matters Now: How to Win in a World of Relentless Change, Ferocious Competition, and Unstoppable Innovation que contribuir en la construcción de un mundo mejor ya no es una opción estética, ni siquiera una variable estratégica, sino una necesidad para construir un liderazgo que a largo plazo asegure un rendimiento económico auténticamente rentable.

Con su increíble olfato, mi amigo y cliente Juan Llovet me apuntaba hace unos días al titular de la revista Fortune. Me decía que supone un antes y un después en el paso de la teoría a la práctica. Para aquellos que piensan en la generación de valor económico como único motivo para la existencia de una empresa, este titular debe resultar un revulsivo.

A modo de muestra un botón: millones de personas están reaccionando al sistema tradicional de recompensas e incentivos. Entre ellas, el mejor talento está diciendo alto y claro que pondrá lo mejor que tiene solo en aquellos proyectos que impacten en la sociedad en la que se desarrollan y que generen beneficios tangibles para todos sus ciudadanos. Sin ellos, ¿dónde vamos?

El inicio de siglo ha llevado estos conceptos del idealismo al mismo centro del pragmatismo. Cuánto me alegro! Como verdaderos comunicadores de las empresas, para los Presidentes y CEOs es la única solución viable.