El “propósito” es el auténtico liderazgo: Sam Phillips

Miles de libros, artículos, informes y estudios se han publicado acerca del concepto “liderazgo”. La bibliografía es abrumadora. Yo destaco “Mentes Líderes” de Howard Gardner, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2015. Lo hago por su anatomía de lo qué supone ser un líder, por los ejemplos que escoge y descompone de forma didáctica y biográfica (Margaret Mead, Eleanor Roosevelt, Martin Luther King o Jean Monet, entre otros) y porque fue un regalo maravilloso de mi tía Rosa (una auténtica líder: emocionalmente inteligente, siempre detallista y luchadora).

Sam Phillips y su propósito

Sin embargo, en esa prolífica producción no se suele destacar a una persona que cambió radicalmente el S. XX y cuya influencia llega hasta nuestros días. No sería distinto a muchos de los ejemplos sino fuera por un aspecto revelador: su propósito.

Los referentes cobran más o menos importancia en función de ese aspecto. Es lo mismo que se trate de personalidades arrolladoras, carismáticas o con una mayor o menor relación con el poder. Lo que realmente influye para que transformen lo que les rodea es su objetivo, el sentido de su acción y el de sus palabras.

Sam Phillips nació en el seno de una familia pobre en Alabama. Corrían los años 20′ y el sur de los Estados Unidos no había superado (quizás todavía hoy lo estén haciendo) la brecha que produjo la Guerra Civil. Los blancos vivían al margen de los negros. Sin embargo, el padre de Sam, a pesar de las convenciones y movido por una generosidad a prueba de bombas, decidió emplear a un ciego de color que se quedó sin trabajo durante la depresión de los años 30′ (“A blind negro named Uncle Silas Payne came to live with us when the white family he’d been with couldn’t feed him any more during the Depresión” en las palabras del propio Sam Philips). Él, el mundo que descubrió al niño Sam mientras crecía, sus cánticos y su humanidad inspiraron la visión del más joven de los Philips: un mundo en el que desapareciera la segregación racial.

El liderazgo de Sam Phillips

Sam buscaba marcar la diferencia desde su trabajo.

Cuando Sam, amante de la radio, se convirtió en un ingeniero de sonido, decidió abandonar su carrera como DJ para mudarse y montar un estudio de grabación en una vieja tienda en un suburbio de Memphis. A finales de los 40′, algunos pioneros, grabadora en mano, habían recorrido los campos de algodón de la cuenca del Mississippi. En las plantaciones de Clarksdale, Indianola o Greenville recogieron de forma primitiva el sonido de
 Charlie Patton, Leadbelly, Blind Joe Jefferson o el del joven Muddy Waters. Se trataba de genuinas investigaciones antropológicas.

Sin embargo, el más joven de los Phillips no quería investigar, tampoco dejar un registro sonoro para la historia. Él tenía un propósito: reivindicar la igualdad de blancos y negros, ponerla en evidencia. Creyó que la música serviría como una poderosa palanca. Poco a poco entre 1949 y 1952, logró situar ante los micros a BB King, Howlin’ Wolf o Ike Turner para captar de la mejor forma posible, con la mejor tecnología y con el mayor mimo, su revisión del sonido del Delta pero también del nuevo que bullía en Beale Street, en el corazón de Memphis por aquel entonces. Sus vecinos blancos alucinaban, ¿Por qué aquel joven apuesto y resolutivo se interesaba en los “chicos” de color? Se enfrentó a todo tipo de críticas y a los depredadores de la industria que explotaban un creciente negocio: los Hermanos Bihari o Leonard Chess, propietarios de los sellos (Modern Records y Chess Records, respectivamente) que distribuían aquellas primeras grabaciones, simplemente disfrutaban del mercado que nacía por la evolución económica de la población segregada.

Decenas de músicos negros comenzaron a acudir a aquel estudio, llamados por el boca a boca que se extendía en los pueblos al sur de Memphis, y Sam perfeccionó con ellos las técnicas de grabación. A mediados de los cincuenta el negocio no iba bien pero un número creciente de DJs locales pinchaban habitualmente la música que producía y que ahora comercializaba directamente la distribuidora que lanzó y que denominó Sun Records.

Elvis BB

 

Entonces, inesperadamente, el descubrimiento de Elvis Presley lo aceleró todo. Fue el catalizador. Sam nunca hubiera imaginado que el camino para superar las barreras viniera precisamente marcado por registrar a jóvenes blancos que querían sonar como negros. Las emisoras más tradicionales, que se habían negado a difundir la música que etiquetaban “de color”, se rindieron ante el Rey del Rock ‘n’ Roll y después de él ante Jerry Lee Lewis, Carl PerkinsRoy Orbison o Johnny Cash. De pronto, ya no tuvo sentido separar las canciones en las radios, separar las audiencias en los conciertos, separar a los clientes en los bares en los que la música en directo atraía a parroquianos y turistas ni, poco a poco, separar a los ciudadanos que convivían en las calles de Jackson, Chicago o Detroit en función de cuál fuera su raza.

Sam Phillips constituye uno de los mejores ejemplos de liderazgo que conozco. Comparte muchas de las características de otros soñadores que con tenacidad, hechos y arriesgándolo todo cuestionaron el status quo de la sociedad en la que crecieron como Gandhi o Mandela para terminar por cambiarla. Entre ellas, la más decisiva, sin duda, es que tenía un propósito. Su visión se materializaba en una mejora concreta. Revolucionaron a través de pequeñas victorias, cada una de ellas orientada a un logro específico. Uniéndolas todas contribuyeron a un bien mayor, común y sostenible.

Por supuesto, Sam Phillips no fue el único responsable de ese cambio de mentalidad. Fue uno más de los cientos de personas que desde distintos puntos de vista se encargaron de denunciar una de las injusticias que nos hacían menos humanos. Sin embargo, probablemente, sin su entendimiento de que la cultura también podía sumar, y sumar mucho, a la causa, las barreras que todavía persisten hoy serían mayores. Este factor, a menudo soslayado, es inclusivo y pacífico y también poderoso y arrollador.

Liderazgo y Empresa

Los ejecutivos que pululamos por las empresas de medio mundo deberíamos cuestionarnos si en nuestros modelos de “liderazgo” tenemos clara esta aproximación: ¿Cuál es nuestro propósito? Si la respuesta se reduce al cumplimiento de nuestros objetivos de negocio o al de la creación de valor para el accionista, entonces podemos llamarnos directivos pero no líderes. Si nuestra actividad no persigue cuestionar lo establecido para mejorar lo que nos rodea, no somos agentes del cambio. Es legítimo y perfectamente aceptable. Pero dejemos la literatura de gestión que enmascara el cortoplacismo bajo el maquillaje de conceptos universales que nos vienen grandes.

En el otro lado de la moneda, si tenemos un horizonte que perseguimos y que redundaría en un auténtico beneficio en la sociedad en la que convivimos, aprendamos de Sam Philips, de su aproximación genuinamente innovadora, y de la de tantos modelos que inspiran. Conocer sus historias seguro que mejora nuestra forma de actuar e influir.

Por cierto, en la actualidad, si visitas Memphis, podrás acercarte por los Sun Studios. Durante el día, funcionan como un museo que pone su foco en que aquella fue la cuna del Rock ‘n’ Roll. Es una pena que pasen de puntillas por la principal contribución de aquel sitio mágico. Parece que a blancos y negros se nos ha olvidado que de ser cuna de algo, fue de la lucha por los derechos civiles.

Nota: si quieres saber más de Sam Phillips, te recomiendo el libro “Sam Phillips: the man who invented Rock ‘n’ Roll” de Peter Guralnick. No te dejes engañar por el título, el autor pone su acento en la lucha de Sam por terminar con la segregación racial. Supongo que el convencionalismo comercial de su editorial le obligó a poner ese título.

The man who invented rock