Compliance: Jerry Lee Lewis y los Papeles de Panamá

En 1958, Jerry Lee Lewis, el nuevo Rey del Rock ‘n’ Roll, llega al Reino Unido (sin tener idea alguna de compliance). La gira había sido diseñada para consolidar al nuevo ídolo adolescente del momento. En el aeropuerto, un periodista se acercó a la comitiva que le acompañaba y preguntó a una jovencita quién era. La muchacha contestó que la esposa del pianista. El reportero pensó que estaba alucinando. No era posible que aquella casi niña estuviera casada con un hombre de 22 años.

En su primera rueda de prensa en Londres, los medios se interesaron por el asunto y acosaron al músico pidiéndole que confirmara la edad de su mujer. Él respondió con lo primero que le vino a la cabeza “tiene 15 años”. Se trataba de una menor para las leyes británicas que no reconocían el matrimonio por debajo de los 16. Sin embargo, la noticia se convirtió en escándalo cuando al día siguiente se publicó que Myra, así se llamaba la joven, tenía solo 13 años y era la hija del primo del propio cantante. La escalada de comentarios acerca de la falta de moralidad de los norteamericanos y del rock ‘n’ roll se volvió un clamor en contra de la figura emergente al saberse además que se trataba de su tercera esposa!

Los tabloides británicos no dejaron títere con cabeza. Entre el sensacionalismo y las meteduras de pata de JLL, el tema se fue de las manos. Fue un error de compliance con un impacto agudo sobre la reputación del cantante.

Los tabloides británicos no dejaron títere con cabeza. Entre el sensacionalismo y las meteduras de pata de JLL, el tema se fue de las manos.

La gira fue suspendida. Los dos primeros conciertos habían sido un auténtico fiasco. Nadie quería ser relacionado con Jerry Lee Lewis que volvió a los Estados Unidos asombrado por las “tonterías” que le habían convertido en un enemigo público. En casa, las cosas, en vez de relajarse, se tensaron hasta romper en pedazos la que se intuía una carrera de éxito sin precedentes. Los medios de Memphis no tardaron en saber que la boda se había celebrado sin el divorcio del segundo matrimonio. Fue la gota que colmó el vaso, la estrella era bígama.

Los Dj’s se negaron en redondo a pinchar el nuevo tercer single, “High School Confidential” que el sello había reservado para el regreso del viaje a tierras británicas. Los dos primeros se habían convertido en números 1 “Whole Lotta Shakin’ Goin’ On” y “Greats Balls of Fire” en las listas de country, rhythm & blues y pop. De la noche a la mañana, el prodigio se transformó en un apestado social. Las televisiones que le habían ayudado a encumbrarse le rechazaron, también los organizadores de conciertos y los distribuidores.

Así retrataba el momento de la caída el biopic de 1989 protagonizada por Denis Quaid. No tiene desperdicio:

Compliance… sí pero ético

A menudo nos encontramos la definición que liga el término compliance al deber que tienen las empresas e individuos de respetar escrupulosamente las leyes allá donde operen. Sin embargo, especialmente tras la crisis esta acepción se ha quedado corta. La sociedad no solo exige que se cumplan los estándares normativos sino, sobre todo, los éticos. Siempre trato de recalcarlo en las clases que imparto sobre riesgos reputacionales en el Programa del IE de Compliance con el que colaboro.

Las organizaciones conviven en sistemas cuyos valores morales rigen la forma en la que los ciudadanos valoran su comportamiento y comunicación. Éstos profundizan dejando los criterios legales en un nivel superficial, administrativo, que se entiende debe cumplirse por defecto. Independientemente de los reglamentos, si en un país se considera que el divorcio, aunque perfectamente legal, es un fracaso de las personas, entonces la situación familiar de un ejecutivo o de un político separado se tornará muy complicada.

El caso de los Papeles de Panamá, como señala Iván Pino Zas en su post “Finanzas versus gorbenanza“, ha corroborado esta tesis: los nombres propios han visto dañada su reputación precisamente por haber faltado a las convenciones morales (por haber ignorado el compliance mínimo). En el contexto actual, no en el de los años noventa y quizás tampoco en el de los primeros dos miles, se pide de todos la corresponsabilidad fiscal. Dentro de ese marco, los intentos por saltarse los controles del fisco son vistos como un claro fraude no legal sino ético. La pérdida de credibilidad es inevitable.

A Jerry Lee Lewis le sucedió igual. En los Estados Unidos estaba permitido el matrimonio con una chica de 13 años. También era legal el divorcio. Casarse antes de haberlo obtenido constituía una simple falta legal. Y, sin embargo, el cantante perdió su “licencia social para operar”. Para la mentalidad de la época ser bígamo superaba cualquier límite imaginado, cuanto más con una menor que además resultaba ser una familiar.

Para tomar nota: los errores

Encuentro similitudes entre el caso de Jerry Lee Lewis y algunos de los nombrados en los papeles de Panamá:

  • La verdad: él mintió cuando se vio acosado por la prensa. Al decir que su mujer tenía 15 años entró en una espiral de desmentidos y aclaraciones que minó su imagen pública. Algo que hemos visto en el caso del Ex-Ministro Soria. En 1958, tal vez no contaban con la experiencia para saber que, cuando suceden este tipo de cosas, se precisa tranquilidad para reunir toda la información y preparar una respuesta convincente. En el año 2016 sabemos que es imprescindible porque la ausencia de preparación se paga muy cara. Si existe una norma básica de compliance, esa es decir la verdad.
  • El estándar moral: tanto el productor como el organizador de la gira trataron de convencer a Jerry Lee Lewis de que no viajara con su nueva esposa. Eran conscientes de que su edad y el grado de parentesco serían difíciles de justificar. No obstante, no previeron el número de convenciones éticas que rompía el cantante. Aunque se comenzaba a aceptar el caracter rebelde del enfant terrible del  rock ‘n’ roll, muchos de sus enemigos declarados se encontraron el terreno abonado para la crítica. La sociedad el momento no lo soportó. No parece razonable que al analizar el escenario hoy en día, una personalidad pública no tenga la sensibilidad para entender el contexto y adecuar sus acciones en proporción al daño percibido. Con lo desvelado en el caso de Panamá, algunos por defecto y otros, como Cebrián, por exceso no han sabido medir su reacción y han embarrado su iniciativa perjudicando su imagen.
  • El perfil público: el artista trató de defenderse en todo momento indicando que los aspectos de su relación se circunscribían exclusivamente a su esfera personal. Su ingenuidad se puede entender teniendo en cuenta que sucedió en los años 50. El fenómeno fan apenas había despertado con Elvis Presley y la industria musical desconocía la influencia que una figura pop podía llegar a alcanzar. Parecía posible establecer una división entre lo privado y lo público. Jerry Lee Lewis sufrió en sus carnes ese error. En la actualidad, con las redes sociales y el empoderamiento de los ciudadanos, la hipertransparencia es una exigencia que obliga a cualquier persona conocida a lidiar con el juicio constante a su comportamiento sea en la esfera familiar o en la profesional. Pensar que puedes mantener oculta una parte de tu historia es, al mismo tiempo, infantil y dañino.
  • Después de la tormenta no viene la calma: el empecinamiento del rocker le impidió reconocer sus equivocaciones. La herida permaneció abierta durante demasiado tiempo y su equipo no acertó a reconstruir el perfil de su estrella. Intentaron volver al día a día adoptando el “business as usual” grabando nuevos temas, produciendo un LP y ofreciendo la disponibilidad del pianista al circuito de las organizadoras de conciertos. No supieron evaluar el grado de enfado y rechazo que se produjo. El caso hubiera necesitado un auténtico plan para la rehabilitación de su prestigio. Considerar que el problema se disolvería tuvo unas consecuencias desastrosas. Tras la marcha de Elvis para cumplir su servicio militar, la retirada de Little Richard por motivos religiosos y la encarcelación de Chuck Berry, el llamado a reinar nunca se recuperó del incidente y su carrera se fue al traste por completo. Resulta increíble que todavía en nuestros días días muchos olviden esta lección y, tras haberse detectado y aireado la quiebra de los principios de convivencia (de nuevo compliance) no diseñen su reinserción social. Conlleva tiempo, tacto y, sobre todo, reconocimiento del problema y determinación. Los tribunales pueden fallar a tu favor pero la opinión generalizada no responde al resultado de un juicio que suele llegar con el paso de los años.

Jerry Lee Lewis llegó a Memphis en 1957. Asombró a propios y a extraños con su forma de tocar el piano, cantar y de reinterpretar el country, el gospel o el blues. Era pura dinamita. Tenía recursos inagotables: podía resultar agresivo, sensible, extrovertido o introvertido a voluntad. Su mano izquierda estaba cargada del mejor swing de Nueva Orleans. Machacaba las teclas con el frenesí y la urgencia de los maestros del Boogie, todos músicos de color hasta la fecha. Y al mismo tiempo su mano derecha subía y bajaba, golpeaba y desgranaba melodías originales con acierto y sin parar.

¿Quién podría detener su ascenso en las listas? Solo él mismo fue capaz de conseguirlo. Y, qué curioso! En 1958, lo mejor de este genio estaba por llegar. Cuando ya nadie recordaba que una vez había sido el ícono de la música pop, cuando la british invasion encabezada por los Beatles y secundada por los Rolling Stones barrió las radios americanas, cuando la revolución cultural socavó los cimientos de la generación de la postguerra, convertido en un outsider, Jerry Lee Lewis registró dos de los mejores discos de country jamás grabados y el directo más contundente y brillante del rock ‘n’ roll. Pero claro, nadie se hizo eco y estos hitos pasaron desapercibidos. Qué pena! Su negligencia al faltar a las normas básicas de compliance de la época hurtó su obra a la mayor parte del planeta.

Os dejo con ese concierto en vivo incendiario, vibrante y único: Live At The Star Club, Hamburg, 1964. Ya nadie prestaba atención a “The Killer”.