Deben cobrar los becarios (en el sector de la comunicación)?

Con quince años tuve mi primera “beca”. Se formalizó a través del concepto “contrato de prácticas” en la hostelería. Durante un mes completo con un solo día de descanso, trabajé 13 horas diarias (llegaba a las 8:30 a la cafetería, salía a las 16:30 -con suerte-, volvía a las 18:30 para plegar a las 23:30). Lo bueno es que el dueño se comprometió a pagarme y lo hizo. Dejo para el final de este post lo que me decepcionó.

Lamentablemente, en un contexto de falta de empleo, demasiados “negocios” se han basado en la explotación del supuesto aprendizaje de los más jóvenes para sostener sus proyectos.

Esta práctica ha sido, y aún es, común en el sector de la comunicación. Todos los empresarios que operamos en él deberíamos contraer el compromiso de erradicarla. Es una visión que comparto con mis socios en Llorente & Cuenca y con muchos colegas con los que hablo y trato a diario.

Desde nuestro punto de vista, las bases para construir un programa de becas son:

  • El protagonista de la beca es el joven que desea completar su formación.
  • La empresa debe ofrecer una experiencia de trabajo que contenga un itinerario claro de prácticas útil en su salida al mercado laboral.
  • La beca debe limitarse a un período temporal predefinido e improrrogable.
  • Se precisa establecer una compensación económica que retribuya el esfuerzo del becario, en la base de que su trabajo contribuye al negocio del empresario y le introduce en la lógica del sistema de empleo.
  • Para que el becario reciba la atención necesaria, el número de becas debe ser proporcional al número total de empleados de la empresa y tendría que prefijarse.
  • Durante el período de la beca, la organización tiene que ofrecer feedback al profesional en formación.

Nuestro grano de arena

Aunque en Llorente & Cuenca se venían cumpliendo estas bases de manera habitual, en 2013, conscientes de nuestro compromiso con el desafío al que se enfrentaban tantos y tantos recién licenciados y postgraduados, diseñamos nuestro Programa de Jóvenes Talentos. En él de un modo formal, concretamos cada uno de estos puntos para que fuesen transparentes para nuestros managers, nuestros contactos en las universidades y nuestros potenciales candidatos. En España ya vamos por su 13ª Edición y lo estamos implantando progresivamente en todas nuestras operaciones en Portugal, Brasil y en Latino América.

Sin duda, tenemos mucho que mejorar en este compromiso. Por ejemplo, ahora estamos trabajando en completar el programa incluyendo un módulo de formación co-diseñado con una escuela universitaria para completar el proceso de prácticas profesionales. Es una de las muchas iniciativas que podemos llevar a cabo y que junto a las de otros competidores han de permitirnos transformar las viejas costumbres del sector. Ojalá sirvan de inspiración para otros.

Coda: Mi primera “beca” en la hostelería

Nunca olvidaré aquel último día en la cafetería que me “fichó”como aprendiz. El dueño abrió la maquina tragaperras, juntos contamos las monedas acumuladas en 24 horas e hicimos paquetitos que llevé hasta el banco al otro lado de la calle. Allí, el empleado me dio un cheque que posteriormente rubricó el empresario. 29 días x 13 horas diarias me reportaron el importe ingresado en un día por aquella maquinita.

Tampoco olvidaré las palabras que escuché al recibir el cheque y que vinieron a resaltar la fortuna que había tenido al aprender el oficio en el mejor sitio posible, tratado como un príncipe y compensado económicamente. Debía rezumar agradecimiento!

Han pasado 26 años de aquello. Cuando leí las declaraciones de algunos de los cocineros a los que admiro refiriéndose al privilegio formativo de los aprendices, a la precariedad de sus negocios y a la contribución social que hacen ofreciendo una profesión a través de una beca sin retribuir desde sus cátedras “Michelin”, algo se revolvió en mi. Cómo es posible que los líderes de uno de nuestros buques insignia sigan comportándose como las cofradías de artesanos del medievo?