La semana pasada estaba en un curso en el que surgió un debate inesperado: ¿La credibilidad y la confianza son lo mismo? En general, todos los que estábamos allí coincidimos en que los dos términos se referían en el contexto de la empresa al mismo proceso; ese que consigue que sus públicos (empleados, clientes, accionistas, etc.) terminen por confiar/creer en sus mensajes y propuestas:
- Confiar: Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa.
- Creer: Tener algo por verosímil o probable.
Sin embargo, hay un detalle que tiene sus implicaciones cuando se trata de diseñar una estrategia de comunicación: el sujeto. El público es el que confía o cree. Es el que tiene confianza. La empresa es la que es confiable o creíble. Es la que tiene una mayor o menor credibilidad o (fiabilidad).
Si yo quiero generar confianza en mis públicos para que me hagan caso, tendré que trabajar necesariamente mi credibilidad. En mi mano estarán todas las variables que la construyen o la destruyen: entre ellas, una fundamental, la coherencia entre lo que digo y lo que hago.
Un Plan de Comunicación debe estar soportado, por tanto, no tanto sobre la base de ”generar confianza” (algo que carga la prueba sobre el público objetivo) sino más bien en ”ganar credibilidad“.
Hoy en día, Internet pone a disposición de las empresas todo un abanico de medios para avanzar en ese objetivo macro. De su consecución depende en gran medida la efectividad de las campañas que dirijamos a nuestros públicos.
Soy Adolfo Corujo. Llevo 14 años dedicado a la Comunicación, el Marketing y la Planificación estratégica. Me apasiona la virtualización de todo lo que sucede en las empresas desde que son empresas. He aprendido que la clave está definitivamente en las personas y, de rebote, que las tecnologías no constituyen un fin en sí mismas; son un medio muy potente...